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Psicosociales

Trabajadores de la Sociedad de la Luz

Trabajadores de la Sociedad de la Luz Días atrás me encontré con un familiar a quien no veía cerca de quince años. Y, como sucede con muchos, fui víctima de un interrogatorio casi policial. Yo que no soy dado a hablar en abundancia, tuve que contestar de manera risueña sus inquietudes.

No supe qué decir cuando me preguntó en qué trabajaba; pues el familiar en mención sabía poco o nada de Internet y correos electrónicos, por lo que consideré inútil darle detalles de esta tecnología; entonces sólo se me ocurrió decirle que era Trabajador de la Sociedad de la Luz.

Ahora que recuerdo tal situación me parece que no fue mala la respuesta, y es más, quizás fue la más precisa.

SOCIEDAD DE LA LUZ, creo que es el término más apropiado para llamar a ese mar de relaciones de quienes construyen su existencia social y profesional trabajando en el mundo virtual creado por esta revolución producida por las Tecnologías de la Información y Comunicación.

Al hipertexto y los hiperenlaces agregamos un término más, la HIPERSOCIEDAD, para referirnos a esas relaciones humanas maximizas por esta tecnología, tanto en el uso del tiempo y del espacio así como en la intensidad de la experiencia que se vive cuando se está inmersa en ella.

Esto es, además de comunicarnos en un tiempo brevísimo a nivel global, nuestros sentidos en total estado de alerta, maximizan nuestra atención, dejándonos concentrados, absortos, suspendidos en el tiempo y en un espacio inmaterial, lleno de sensaciones producidas por signos y significados que impactan el cerebro en forma de destellos de luz.

Esta es la Sociedad de la Luz, aquí las personas y grupos humanos no sólo interactúan, construyen su vida, su oficio, su carrera, proyectan su futuro, sienten y se emocionan, en un entorno de luz, sino que se relacionan a la velocidad de ella.

Pero en esta sociedad todo es fugaz y tan frágil, puesto que desapareces tan rápido, como apareces, como un destello de luz. Las personas somos sombras que intentamos dar cuenta de nuestra existencia tratando de copar los espacios por donde fluye ese elemento y mantenernos presente, reconocido por todos, sin embargo, la fragilidad de nuestra constitución nos sentencia a muerte súbita y, por tanto, al olvido.

Sólo hay dos posibilidades Encendido y Apagado. Vivimos y somos, claro está, cuando estamos en Encendido, y morimos en Apagado. Este hecho desencadena una hiperactividad en todos los que trabajamos en este entorno, pues buscamos estar casi siempre encendido. De tal manera que todos parecemos como los mismos transistores que se apagan y encienden, con una intensidad cada vez mayor, con la cual creamos la Sociedad de la Luz.

Que somos parte de esta sociedad, lo constatamos con crudeza, cuando a algún insensible de nuestro entorno inmediato se le ocurre privarnos de corriente eléctrica. El sentimiento de inutilidad que nos invade cuando esto sucede es grande. No hay nada que hacer, ni somos nada también.

En esos momentos constato la verdad detrás de una frase que alguien me propinó de manera espontánea hace algún tiempo: ¡Jefe de nada!. Reí mucho aquel día, lo pensé también y a veces creo que es verdad.
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